Editorial
Nos encontramos a puertas de un nuevo proceso electoral. Una vez más, los peruanos tenemos la oportunidad de elegir al gobernante que pueda llevarnos hacia una verdadera integración social, con salud, seguridad y educación para todos y consolidar nuestro crecimiento económico, ése que nos ha costado tanto conseguir pero que aún no es suficiente para dejar de ser considerados un país tercermundista.



Los retos a perseguir son altos es cierto, pero no imposibles. En los últimos diez años el Perú ha logrado un desarrollo económico que le ha permitido, incluso, soportar mejor que varios países del primer mundo la reciente crisis financiera. Este vertiginoso avance ha sido reconocido por diversos líderes políticos, como el propio Barack Obama que en su reciente visita a Chile citó el “crecimiento impresionante” de la economía peruana, y también por entidades financieras como Moody´s Investor, Standard & Poor’s y Fitch Ratings, que otorgaron al Perú la calificación de grado de inversión, convirtiéndonos así en el cuarto país en la región en obtener esta valoración por parte de las tres agencias calificadoras más importantes del mundo.



Pero si bien nuestra economía esta estable, hay otros sectores donde aún hay mucho por hacer. Aunque la UNESCO resaltó el avance educativo del Perú, seguimos teniendo un índice muy bajo en comprensión de lectura y matemáticas. En salud, la infraestructura ha mejorado y se han inaugurado nuevos locales de atención, pero esta no llega aún a todos los peruanos, sobre todo a aquellos con bajos recursos. A esto se suma el tema de la seguridad, un punto flaco en el Perú, pues nos hemos convertido en uno de los países con mayor índice de criminalidad de la región.



Recordemos además que el Perú no es el único actor en el mundo. La reciente crisis financiera, la caída en el precio del dólar, la inflación de la Europa Comunitaria y el conflicto armado que se vive en los países del Magreb y Medio Oriente nos llevan a plantearnos nuevas estrategias, no solo para atraer nuevas inversiones, conseguir apoyo para proyectos de infraestructura o en la lucha contra el narcotráfico, también para aprender de ellos y evitar que situaciones de esa naturaleza ocurran en nuestra incipiente democracia.



Por eso es el momento de reflexionar y decidir de forma responsable e informada quién será el conductor de nuestra patria los próximos cinco años. Cada uno de los candidatos ha hecho público su plan de gobierno. Ahora está en nosotros decidir cuál creemos es el más coherente y que nos llevará a seguir con el crecimiento económico y nos garantizará vivir en un país con educación, salud, seguridad y democracia.

(2011-03-01)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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